On synodality and the ‘listening church’

Por el Padre John Bayer
Texas Catholic

Probablemente usted escuchó que el Obispo Burns convocó un sínodo diocesano. Probablemente también escuchó que el Papa Francisco pidió a la Iglesia reflexionar sobre la «sinodalidad» como «el camino … que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Pero, ¿qué es un sínodo? y siquiera es «sinodalidad» una palabra?

La primera pregunta es fácil: un sínodo es una reunión. Un sínodo diocesano es una reunión convocada por el obispo para discutir y recibir consejo sobre la diócesis. El Obispo Burns convocó a celebrar una reunión de este tipo en 2024.  Será precedida por dos años de «sesiones de escucha» celebradas alrededor de la diócesis (se anticipan 15 sesiones). Durante estas sesiones, los participantes son exhortados a compartir sus ideas y experiencias al fin de servir al bien de la Iglesia. ¡Todos deben considerar participar! Mientras más personas participen, mejor podrá el sínodo aumentar nuestra solidaridad, reflejar la realidad de la diócesis y aconsejar al Obispo Burns como corresponde.

La segunda pregunta es más difícil: palabras como «sinodalidad» y «sinodal» son difíciles de explicar hoy en día. En 2018, la Comisión Teológica Internacional, un grupo de teólogos de todo el mundo que ayudan al Papa, reconocieron que estas son palabras nuevas que requieren «atenta puntualización teológica» y que su surgimiento «testimonia una adquisición que se viene madurando en la conciencia eclesial a partir del Magisterio del Concilio Vaticano II y de la experiencia vivida, en las Iglesias locales y en la Iglesia universal, desde el último Concilio hasta el día de hoy» (La Sinodalidad en la vida y en la Misión de la Iglesia §5).

En el espacio restante de este breve artículo, permítame sugerir un tipo de definición práctica de sinodalidad. Si está interesado, le recomiendo que lea La Sinodalidad en la vida y en la Misión de la Iglesia redactada por la Comisión Teológica Internacional, así como los documentos emitidos por el Papa Francisco y los que colaboran con él en el Sínodo de los Obispos. Como una definición práctica de sinodalidad, podemos tomar una frase de la Comisión Teológica Internacional (a la cual el documento oficial del Vaticano Documento Preparatorio §10 también hace referencia): «sinodalidad indica la forma específica de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora» (La Sinodalidad en la vida y en la Misión de la Iglesia §6).  Esta definición incluye tres ideas principales que el Papa Francisco y otros frecuentemente usan cuando hablan sobre sinodalidad: comunión, participación y misión. Consideremos estos puntos.

La comunión de la Iglesia está arraigada en Dios, la Trinidad, cuya unidad es la comunión del Padre, Hijo y Espíritu. Esto es lo que hace a la Iglesia tan especial. En Jesús, Dios se hizo hombre; un ser humano que vivió la vida misma y el amor de Dios. Para nuestra gran alegría, a través de ese ser humano, Jesús de Nazaret, Dios atrae a todos a una comunión con Él y en Él y unos con otros. La Iglesia, el Cuerpo Místico de Jesús es, por lo tanto, una armonía de personas: una unión diversa de amor divino.

Esta comunión es manifestada en la participación de cada miembro en la vida del Cuerpo de Jesucristo. San Pablo habla de la gran diversidad de este Cuerpo Místico en la Primera Carta a los Corintios capítulo 12 y en Efesios capítulo 4. La Iglesia, por lo tanto, es la comunidad en la que cada ser humano es llamado por Dios a realizar un papel – a participar. San Pablo proclama, «En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común» (1 Cor 12,7). La Iglesia no mantiene relaciones de «clientes» o «consumidores» con sus miembros. Llamados por Dios a la Iglesia, cada uno de nosotros debe ser un miembro activo del Cuerpo Místico de Jesús, contribuyendo con sus dones a la vida y a la labor de todo el cuerpo.

Esta participación nos lleva a la tercera idea: misión. Cualquiera que sea el significado de la palabra diversidad para el mundo, lo que significa para los Católicos es la variedad de «dones» derramados por el Espíritu sobre los miembros del Cuerpo de Cristo para el bien común, para ser de «algún beneficio» a la Iglesia y su misión salvífica en el mundo. Nadie es un «extra» en el designio de Dios. Todos tenemos un papel crucial que desempeñar. Cada vida humana tiene un propósito y un sentido eterno. La Iglesia es esa comunidad en la que todos pueden encontrar el sentido profundo y eterno de su vida como un colaborador con Dios en su labor para redimir al mundo.

Entonces, me parece que la «sinodalidad» es una idea profundamente importante. En una era tan dividida como la nuestra, el mundo necesita ver la comunión divina extendiéndose en nuestro mundo – necesita ver a la Iglesia. En una era tan plagada de la preocupación por uno mismo, el mundo necesita saber que cada persona ha recibido dones que lo mueven hacia la unidad Católica – cada uno es llamado a dejar de lado sus ambiciones personales y a participar en la Iglesia. Y en una era plagada de distracción y depresión, el mundo necesita ver que se nos ha encomendado una misión cósmica, que el Creador del universo quiere que cada uno de nosotros tenga un papel en su obra de salvación. La Iglesia necesita manifestar su carácter sinodal, y el mundo necesita verlo.

El Padre John Bayer, O. Cist., es un monje en el monasterio Cistercian Abbey of Our Lady of Dallas en Irving.

Publicada originalmente en Texas Catholic

Leave a comment